Capítulo XI del libro II de El Capital: Teorías sobre el capital fijo y circulante, Ricardo



Ricardo utiliza la distinción entre capital fijo y capital circulante para tratar las excepciones a la ley del valor, especialmente los casos en que la variación del salario afecta a los precios. Pero, al hacerlo, mezcla dos distinciones diferentes: por un lado, la de capital constante y variable; por otro, la de capital fijo y circulante. Ahí radica el núcleo de sus errores.


El primer error consiste en concebir como equivalentes dos diferencias que no lo son. La diferencia entre capital constante y variable se refiere al secreto de la formación del plusvalor. La diferencia entre capital fijo y circulante, en cambio, se refiere al modo en que el valor se transfiere al producto y, desde el punto de vista de la circulación, al tiempo de reposición del capital adelantado. Ricardo las hace coincidir porque mira el proceso desde el punto de vista de los fenómenos acabados, no desde el movimiento interno del proceso capitalista de producción.


Marx insiste en que, desde el punto de vista del proceso de circulación, aparecen de un lado los medios de trabajo como capital fijo, y del otro el material de trabajo y el salario como capital circulante. Pero desde el punto de vista del proceso de trabajo y de valorización, la división correcta es otra: medios de producción como capital constante y fuerza de trabajo como capital variable. Ricardo, al desplazar la atención a la circulación, borra el capital constante circulante, es decir, el desembolso en materias primas y auxiliares, porque no encaja en su esquema.


Así, el salario aparece junto a materias primas y auxiliares como capital circulante frente al capital fijo. Pero eso es una determinación secundaria. Lo específico del capital variable no es que circule, sino que se cambia por fuerza de trabajo, es decir, por una mercancía capaz de crear valor superior al de su propio equivalente. Al reducir el capital variable a simple capital circulante, Ricardo elimina su rasgo esencial: ser la fuente del plusvalor.


Este desplazamiento tiene consecuencias decisivas. Al borrar la diferencia entre capital variable y constante, la economía política burguesa reduce todo a la reaparición de valores adelantados. De ese modo, desaparece de la vista el fundamento de la explotación capitalista. Para Marx, esto es tanto más grave en Ricardo cuanto que, a diferencia de Smith, había desarrollado de manera más rigurosa la ley del valor.


Un segundo gran error de Ricardo es buscar el fundamento del capital fijo y circulante en la materialidad inmediata de las cosas. Como los medios de trabajo suelen ser duraderos, Ricardo tiende a identificar capital fijo con durabilidad material. Pero Marx objeta que no es la durabilidad en sí la que hace de algo capital fijo. El mismo metal puede ser una vez materia prima, por tanto capital circulante, y otra vez medio de trabajo, por tanto capital fijo. La diferencia no surge de la materia en sí, sino del papel que desempeña en el proceso de producción.


La durabilidad física es una condición necesaria, pero no suficiente. Lo decisivo es la función: el medio de trabajo sirve repetidamente en varios procesos de producción y por eso transfiere su valor gradualmente. La determinación económica no coincide sin más con la propiedad física. Está fundada materialmente, pero mediada por la función productiva.


Ricardo incurre en un error paralelo con el capital variable. Al considerar el salario como capital circulante y buscarle un fundamento material equivalente al de la durabilidad del capital fijo, acaba sustituyendo la fuerza de trabajo por los medios de subsistencia del obrero. Así, el salario parecería capital circulante porque los medios de subsistencia son perecederos. Pero eso es falso. Los medios de subsistencia no participan en el proceso de producción del capital individual; quien entra en él es la fuerza de trabajo comprada por el capitalista. El capital variable es circulante porque su valor reaparece enteramente en el producto y ha de volver a adelantarse para repetir el proceso, igual que ocurre con materias primas y auxiliares.


Al borrar esta diferencia, Ricardo contradice su propia teoría del valor. Si el capital gastado en salarios se reduce a medios de subsistencia, desaparece el trabajo vivo como fundamento del valor. La producción del plusvalor queda fuera del campo visual y todo se transforma en una simple transferencia de valores ya existentes. Esto enlaza con el fetichismo de la economía burguesa, que convierte un carácter económico-social en propiedad natural de las cosas.


El problema alcanza también a la tesis del fondo de salarios. Si los medios de subsistencia fueran capital circulante por naturaleza, el salario dependería de una masa dada de capital circulante repartida entre un número de obreros. Marx responde que la relación entre medios de vida de obreros y capitalistas depende, en realidad, de la relación entre salario y plusvalía, no de un fondo fijo preexistente.


Ricardo mezcla además en la distinción fijo/circulante diferencias de rotación que obedecen a otras causas. El ejemplo del trigo para siembra frente al trigo para pan es ilustrativo: para Ricardo uno sería fijo y otro circulante según el tiempo de retorno. Marx lo niega: en ambos casos el trigo se consume totalmente y transfiere íntegramente su valor al producto; la diferencia está en el tiempo de producción, no en que uno sea fijo y el otro circulante.


En síntesis, Ricardo confunde constante/variable con fijo/circulante, reduce la diferencia esencial de la fuerza de trabajo a una determinación secundaria de circulación, naturaliza determinaciones sociales y termina falseando su propia investigación sobre la tasa de ganancia y la ley del valor. Otros asuntos del capítulo, como la transformación de estas confusiones en la economía política posterior, quedan apuntados sin desarrollarse aquí.

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