Capítulo VI. Los costes de circulación (y II)

 II. Costos de conservación

Vimos anteirormente que los costos de circulación originados en el puro cambio de forma del valor, como compraventa, contabilidad y dinero, no entran en el valor de las mercancías. Son deducciones del capital gastado productivamente. En cambio, los costes de conservación tienen una naturaleza distinta.

Marx distingue aquí dos problemas. Primero, hay procesos que ocurren en la esfera de la circulación pero que, por su contenido, son prolongaciones de la producción. Segundo, hay gastos que socialmente son  improductivos, pero que para el capitalista individual pueden aparecer como recargos de precio o fuente de enriquecimiento. El ejemplo del seguro es importante: no crea valor social, pero redistribuye pérdidas entre capitalistas. Si un capitalista paga una prima de seguro, la incorpora al precio y sufre un incendio, cobra una indemnización; quienes pagaron sin siniestro costean al siniestrado. Aquí no hay producción de valor, sino distribución de costes.

Marx insiste en que cuando ciertos costes encarecen la mercancía sin agregarle valor de uso, eso no los vuelve productivos. Pueden dar lugar a una adición al precio y aun a una ventaja para capitalistas individuales, pero no por ello dejan de ser gastos varios de la producción.


1. Formación de acopio en general

La formación de acopio aparece cuando el producto sale del proceso de producción y aún no entra en el consumo, sea individual o productivo. Durante ese intervalo, constituye acopio de mercancías.

El capital mercantil aparece aquí dos veces: como capital mercantil del ciclo que se analiza y como capital mercantil de otro capital, en tanto elemento del capital productivo propio. Si una mercancía destinada al consumo productivo de otro capital se produce por encargo, la producción del segundo puede interrumpirse hasta recibirla. De ahí que el flujo de producción y reproducción exija que una masa de medios de producción y de vida esté permanentemente en el mercado.

Desde el punto de vista del capital en proceso, el acopio es involuntario: cuanto más rápidamente se vende, más fluido es el proceso de reproducción. En ese sentido, la mercancía almacenada aparece como capital que no produce valor ni plusvalor. Pero desde el punto de vista de la transformación del dinero en capital productivo, el acopio es condición del flujo normal de la reproducción y también condición para la formación de nuevo capital.

La permanencia del capital mercantil como acopio exige un desembolso adicional de capital: almacenes, recipientes, vigilancia, conservación, protección frente al deterioro. Estos gastos, aunque no pertenecen a la esfera de la producción directa, entran en el valor de las mercancías y las encarecen. Sin embargo, eso no significa sin más que sean productivos. Marx los presenta también como una disminución de la fuerza productiva del trabajo, porque obligan a emplear más capital y trabajo para obtener el mismo efecto útil.

La dificultad es que aquí el trabajo de conservación no añade un nuevo valor de uso, sino que preserva el ya existente. Por eso, frente a los costes de compraventa o contabilidad, el acopio se distingue en que no actúa sobre la forma del valor, sino sobre el valor de uso en el que ese valor existe. Se agrega trabajo nuevo, objetivado y vivo, pero no se amplía el valor de uso, solo se evita su deterioro.

Marx precisa además que la formación de acopio de la que habla aquí es involuntaria, en el sentido de que surge del proceso normal de circulación. Esto obliga a distinguirla del acopio que expresa estancamiento de la circulación, o del acopio especulativo. Ahí está uno de los ejes del problema: si el coste surge de la forma social específica del proceso, no crea valor; si no surge de ella, puede tratarse de una continuación de la producción.

El acopio existe bajo tres formas: capital productivo, capital mercantil y fondo individual de consumo. En economías de autoconsumo casi no hay acopio de mercancías, pero sí grandes fondos de consumo y medios de subsistencia almacenados. Marx critica a Smith por confundir la ausencia de acopio en forma mercantil con ausencia de acopio en general.

También existe acopio de capital productivo latente: medios de producción, materiales auxiliares o medios de trabajo que permanecen en la esfera de la producción a la espera de ser usados. Con el desarrollo del modo capitalista de producción, crece la masa de medios de producción incorporados al proceso durante largos períodos. Esto aumenta el volumen absoluto del capital productivo y exige mayores acopios preventivos.

La continuidad de la producción depende de ese acopio productivo. Si las ventas o las compras se vuelven irregulares, se hace necesario aumentar el acopio latente para evitar interrupciones. La magnitud de ese acopio depende de la velocidad, regularidad y seguridad del suministro. Cuanto menos seguras sean, mayor deberá ser el acopio.

Veamos un ejemplo: una fábrica que produce cada día 1.000 unidades y consume 500 kg de un insumo por jornada no puede depender de que el proveedor llegue exactamente cada mañana. Mantiene un stock. Si el transporte y el suministro se vuelven muy seguros, ese stock puede reducirse.

El desarrollo del transporte, las comunicaciones y el crédito reduce relativamente el acopio necesario. También el mercado mundial reduce el acopio nacional: si Inglaterra recibe algodón regularmente desde Estados Unidos, necesita almacenar menos que si dependiera de cosechas aisladas.


2. El acopio de mercancías propiamente dicho

En el modo capitalista de producción, la mercancía es la forma general del producto. Por eso una parte creciente del producto social existe como mercancía y, mientras no pase inmediatamente al consumo, constituye acopio de mercancías.

El desarrollo capitalista acrecienta ese acopio porque la escala de producción de los capitales individuales depende menos de la demanda inmediata y más del volumen de capital, de la tendencia a su valorización y de la necesidad de continuidad del proceso productivo. Además, como la mayor parte de la sociedad son asalariados que viven al día, sus medios de subsistencia deben estar presentes como acopio de mercancías. Una parte del stock debe permanecer siempre inmovilizada para que el conjunto pueda seguir moviéndose.

La conservación del acopio exige gastos. Estos gastos se reducen relativamente con la concentración, pero siguen siendo desembolsos que no crean valor de uso, sino que lo conservan. Son necesarios, pero siguen siendo gastos varios de la riqueza social.

La cuestión central es en qué medida esos costes entran en el valor de las mercancías. Marx responde distinguiendo dos casos.

Si el acopio representa estancamiento de la circulación, sus gastos no agregan valor. Ejemplo: un capitalista no logra vender un lote y pretende cobrar al comprador los gastos de conservación; el comprador puede adquirir la misma mercancía recién producida por otro capitalista y no reconocerle ese sobrecoste. La competencia impide esa traslación.

Lo mismo ocurre con la mercancía almacenada especulativamente a la espera de que suba su precio. El coste de conservarla no agrega valor. En todos estos casos, la formación de acopio expresa dificultad de la metamorfosis mercantil y constituye pérdida en la realización.

Pero al mismo tiempo, sin acopio de mercancías no puede haber circulación. El acopio voluntario es condición de la venta continua: el productor necesita existencias adecuadas a su demanda media, e incluso superiores, para responder a expansiones del mercado y conservar clientela. La inmovilización de mercancías es así condición de su venta.

Si un productor tarda una semana en reponer mercancías pero vende diariamente, necesita stock previo. Vende primero lo almacenado y luego lo repone con la producción. Por eso, el acopio es a la vez condición y resultado de la circulación y de la reproducción del capital.

Desde el punto de vista social, da igual si el acopio está en manos del productor, del comerciante o del minorista. Mientras la mercancía no entra en el consumo individual o productivo, sigue siendo acopio. Los costes de conservarlo existen en cualquier caso.

El acopio de mercancías es normal cuando acompaña la venta ininterrumpida. Pero cuando el stock aumenta porque “no hace lugar a la oleada de la producción” que viene detrás, deja de ser condición de la venta y pasa a ser consecuencia de la imposibilidad de vender. Entonces sus costes no entran en el valor de la mercancía, sino que son deducciones y pérdidas.

Como el acopio normal y el extraordinario no se distinguen por la forma externa, pueden confundirse. Además, el crédito puede ocultar el atasco: el productor se expande, el comerciante sigue comprando, y el bloqueo real aparece como continuidad.

Marx resume los costes de formación de acopio en tres grupos:

  • disminución cuantitativa de la masa de producto;
  • deterioro cualitativo;
  • trabajo objetivado y vivo necesario para conservarlo.


III. Costos de transporte

Marx deja de lado otros costes, como embalaje o clasificación, para concentrarse en el transporte, porque allí se ve con nitidez el problema.

La ley general sigue siendo que los costes de circulación nacidos solo de la transmutación formal no agregan valor al producto. Son gastos para realizar el valor o transferirlo de una forma a otra. Pero el transporte no es solo eso.

Dentro del ciclo del capital puede ser necesario un cambio de ubicación del producto. Ahora bien, la circulación puede darse sin movimiento físico del bien, como en la compraventa de un inmueble o de algodón almacenado; y el transporte puede existir sin circulación mercantil, como en sociedades no mercantiles. Esto muestra que el cambio de lugar no es idéntico al cambio formal de manos.

La industria del transporte aparece como coste de circulación porque es necesaria para vender. Pero esa apariencia no cambia lo esencial: el transporte es un cambio en el valor de uso, en el efecto útil del producto. Lo que aporta es el cambio de lugar.

Por eso, el capital productivo invertido en transporte agrega valor a los productos transportados: por transferencia de valor de los medios de transporte y por adición de valor mediante el trabajo de transporte. Esa adición se divide, como siempre, en salario y plusvalor.

Marx compara el transporte externo con el transporte interno al proceso productivo, por ejemplo el algodón que pasa de cardado a hilado. En ambos casos hay producción de una utilidad espacial. El producto solo está listo para el consumo cuando ha completado ese movimiento.

La magnitud de valor agregada por el transporte es inversa a la productividad de la industria del transporte y directa a la distancia recorrida. También depende del peso, volumen, fragilidad o caducidad de la mercancía.

Si transportar 1 tonelada de mercancía 100 km requiere el doble de trabajo que transportarla 50 km, el valor agregado será mayor. Si mejoras técnicas permiten llevar esa tonelada 100 km con la mitad del trabajo previo, cae el valor agregado.

El capitalismo reduce los costes de transporte por la concentración y el desarrollo de comunicaciones y medios de transporte. Pero al mismo tiempo aumenta el trabajo social dedicado al transporte, porque mercantiliza más el producto social y amplía los mercados.

El transporte es así un ramo autónomo del capital productivo. Aunque aparece bajo la forma de la circulación, es una prolongación de la producción.


Temas a seguir discutiendo:

1. Costes de circulación puros, valor y plusvalor. Corresponde a los asuntos: 1, 6. Los costes ligados al puro cambio de forma del valor no agregan valor ni entran en el capital productivo. Se recuperan con cargo al plusvalor y constituyen una deducción del producto social, aunque sean necesarios para la reproducción capitalista.

2. Circulación formal frente a producción que continúa en la circulación. Corresponde a los asuntos: 2, 40, 41, 42, 43, 44, 45. No todo lo que ocurre en la esfera de la circulación es mera transmutación formal. Hay actividades, sobre todo el transporte, que aparecen como circulación por la forma, pero son producción por el contenido, porque modifican materialmente el valor de uso.

3. Seguros y otros costes socialmente improductivos trasladables al precio. Corresponde a los asuntos: 3, 4, 5. Incluye seguros, vigilancia, ciertos embalajes o gastos especiales. Pueden trasladarse al precio o enriquecer a capitalistas individuales, pero no crean valor social. Funcionan sobre todo como redistribución de pérdidas o gastos dentro de la clase capitalista.

4. Naturaleza económica del almacenaje, conservación y acopio. Corresponde a los asuntos: 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 16. Aquí se concentra el problema central del epígrafe: cuándo el almacenaje es condición normal de la reproducción, cuándo expresa interrupción de la producción o estancamiento de la circulación, y si sus costes conservan valor de uso sin por ello ser propiamente productivos.

5. Acopio en general y forma social capitalista del acopio. Corresponde a los asuntos: 17, 18, 19, 20, 25. El acopio existe en toda sociedad; lo específicamente capitalista no es su existencia, sino su forma mercantil y su subordinación a la valorización. Marx discute aquí el error de identificar ausencia de acopio mercantil con ausencia de acopio en general.

6. Acopio productivo latente y continuidad de la producción. Corresponde a los asuntos: 20, 21, 22, 23, 24. Se refiere al acopio de medios de producción en la esfera de la producción. Su función es asegurar la continuidad del proceso productivo frente a compras y suministros irregulares. El desarrollo del transporte, las comunicaciones y el crédito puede reducir relativamente este acopio.

7. Aumento del acopio de mercancías en el modo capitalista de producción. Corresponde a los asuntos: 25, 26, 27, 28, 29, 30. Con el desarrollo capitalista, una parte creciente del producto social existe como mercancía y, por tanto, como acopio mercantil. Su conservación exige gastos que no aumentan la riqueza social, aunque sean necesarios para que no se pierda.

8. Capital individual, capital social y reconocimiento de los costes. Corresponde a los asuntos: 31. Marx oscila entre el punto de vista del capital individual y el del capital social. Un coste socialmente necesario puede no ser reconocido por la competencia para un capitalista individual, que no consigue trasladarlo al precio.

9. Acopio normal, acopio extraordinario y bloqueo de la circulación. Corresponde a los asuntos: 14, 15, 32, 33, 34, 35, 36, 37, 38, 39. El acopio puede ser condición normal de la fluidez de la circulación o resultado de la imposibilidad de vender. La distinción no depende de la forma externa del stock, sino de su función dentro del movimiento del capital y de la reproducción.

10. Crédito, expansión aparente y ocultamiento del atasco. Corresponde a los asuntos: 39. El crédito puede hacer aparecer como expansión normal lo que en realidad es acumulación de mercancías sin salida. Así, el bloqueo de la circulación puede quedar temporalmente encubierto bajo la apariencia de continuidad y crecimiento.

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