Capítulo VI. Los costes de circulación (I)

 I. Costes de circulación propiamente dichos

1. Tiempo de compra y de venta

Marx parte de que las metamorfosis formales del capital (compra de elementos de la producción y venta del producto), cuyos respectivos tiempos (tiempo de compra y de venta) constituyen el tiempo de circulación, son unas fases necesarias de la reproducción del capital. El tiempo que el capitalista dedica a comprar y vender es tiempo de actividad del capitalista en cuanto capital personificado. Sin embargo, en esas operaciones no se crea valor.

Las mercancías se compran y venden por sus valores. En ese proceso hay cambio de estado del valor, pero no cambio en su magnitud. Si se venden por debajo o por encima del valor, lo que uno gana el otro lo pierde. La suma de valores permanece inalterada. Por eso, el trabajo implicado en las metamorfosis M-D y D-M no puede añadir valor: solo cambia la forma de existencia del valor.

Marx subraya que las transacciones mercantiles suponen lucha, tiempo, fuerza de trabajo, intentos recíprocos de apropiarse ventaja, pero nada de eso altera el hecho de que se trata solo de cambio formal. Compara este trabajo con el de un litigio: es necesario para dirimir una apropiación, pero no modifica el valor del objeto litigado. La compra y la venta, aunque necesarias, no son productivas.

Tampoco cambia la cuestión el hecho de que la producción capitalista opere a gran escala. Un trabajo no creador de valor no se vuelve creador de valor por aumentar el volumen de las transacciones. Ni se vuelve productivo si lo realiza el propio capitalista o un asalariado al que el capitalista delega esa tarea. El ejemplo del cobrador de renta o del empleado de banco muestra justamente eso.

La compra y la venta son una función necesaria, pero improductiva. El comerciante abrevia el tiempo de circulación para muchos productores, y en ese sentido funciona como una especie de máquina social que reduce gasto inútil y libera tiempo de producción. Pero esta utilidad social no altera el carácter improductivo de la función.

Si el trabajo de comprar y vender lo realiza un asalariado, su trabajo sigue siendo improductivo. Realiza una función necesaria del proceso de reproducción, pero no crea valor ni producto. Forma parte de los gastos varios de la producción. Aunque el asalariado de la circulación haga plustrabajo, porque trabaja más de lo que le pagan (valor de la fuerza de trabajo); ese plustrabajo no se objetiva como valor nuevo. Desde el punto de vista del capitalista, contratar a un obrero de la circulación abarata el coste de circulación y eleva el plusvalor neto o la ganancia, pero no porque ese trabajo cree plusvalor, sino porque reduce el coste de realizar el valor ya creado.

Ejemplo sencillo: si el capitalista necesita 10 horas de trabajo de circulación para vender y comprar, y para lo que contrata a un asalariado al que paga el equivalente de 8 horas, obtiene gratis 2 horas de trabajo de circulación. Esas 2 horas no crean valor, pero reducen el coste del proceso.

Si ese tiempo de circulación lo asumieran productores independientes, esas horas se descontarían directamente de su tiempo de producción. El fenómeno no cambia en su contenido: la circulación no crea valor, sino que constituye un coste necesario para que el valor creado cambie de forma.

Marx precisa además que cuando habla aquí de circulación se refiere a la transmutación formal. Esto es importante porque no todas las actividades que suelen agruparse bajo el nombre de circulación consisten realmente en mero cambio formal. El tiempo y la fuerza de trabajo requeridos por la compraventa exigen un adelanto adicional de capital, por ejemplo en salarios y medios de trabajo, pero ese desembolso no crea producto ni valor. Es comparable a una máquina cuya única función fuera vender el producto restante: facilita la realización, pero no añade nada a lo producido.


2. Contabilidad

La contabilidad es distinta del trabajo de compra y venta, aunque comparte con él el ser un coste adicional. Aquí aparecen la fuerza de trabajo y también trabajo objetivado en libros, papeles, ordenadores, bolígrafos, archivos, etc.

La contabilidad es necesaria para reflejar el movimiento del capital, fijarlo, controlarlo y calcular precios. Pero precisamente por eso representa un gasto adicional de tiempo de trabajo y medios de trabajo. Una parte del capital debe destinarse a esta actividad y, por tanto, se detrae de la producción directa.

La división del trabajo y la autonomización de esta función no modifican su carácter. Si antes no era productiva, no lo será por convertirse en tarea especializada de un funcionario comunal, un monje, un productor independiente o un tenedor de libros asalariado del capitalista.

Marx introduce aquí una matización importante. Los gastos de compra y venta surgen de la forma social mercantil del proceso de producción. La contabilidad, en cambio, remite también a la organización material del proceso. En ese sentido, tiene un aspecto ligado al control de un proceso colectivo y se vuelve más necesaria cuanto mayor es la escala social de la producción. Pero aun así, en cuanto coste específico asociado al movimiento del capital, sigue siendo un gasto adicional, no una fuente autónoma de valor.

Lo decisivo es que los costes derivados de la mera metamorfosis formal, cualquiera sea la forma concreta que adopten, son siempre gastos varios de la producción. No importa si los soporta el capitalista individual, un asalariado o un trabajador independiente.


3. Dinero

El dinero introduce otro coste de circulación. La mercancía posee idealmente su valor en el precio, pero para que las mercancías circulen como mercancías, una parte de la riqueza social debe existir bajo la forma de mercancía dineraria. Oro y plata, en cuanto dinero, no entran ni en el consumo productivo ni en el individual. Funcionan como medio de circulación, medio de pago, reserva, tesoro.

Por tanto, una parte del trabajo social debe fijarse en producir y reponer dinero. Este trabajo no añade riqueza útil nueva, sino que constituye un sacrificio necesario derivado de la forma social de la producción mercantil. Oro y plata son aquí falsos gastos de la producción de mercancías en general, y estos costes crecen al desarrollarse la producción capitalista.

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