El fetichismo de la mercancía (I)
El carácter fetichista de la mercancía y su misterio
A primera vista, la mercancía parece ser un objeto trivial. Su análisis, sin embargo, demuestra que es un objeto endemoniado, con un carácter místico, carácter enigmático, misterioso, fetichista, … ¿De dónde proviene este carácter misterioso que presentan los productos del trabajo cuando revisten la forma mercancía?
En cuanto valor de uso se trata de un producto del trabajo que satisface necesidades humanas, nada misterioso. Tampoco proviene de las determinaciones en cuanto valor: trabajo abstracto, cantidad de trabajo, forma social del trabajo,… Proviene de la propia forma, de la forma mercancía que adoptan los productos del trabajo. En las mercancías:
- la igualdad de los trabajos humanos adopta la forma material de la igual objetividad de valor de los productos del trabajo;
- la medida del gasto de fuerza de trabajo humano por su duración cobra la forma de la magnitud del valor que alcanzan los productos del trabajo;
- las relaciones entre productores, en las cuales se hacen efectivas las determinaciones sociales de sus trabajos, revisten la forma de una relación social entre los productos del trabajo.
El carácter misterioso de la forma mercancía estriba en que proyecta (refleja) ante los hombres el carácter social del trabajo de estos como si fuese un carácter material de los productos de dicho trabajo (como si tuvieran una propiedad social natural) y, como si, la relación social que media entre los productores y el trabajo colectivo de la sociedad fuese una relación social establecida entre los objetos al margen de sus productores.
La forma de mercancía y la relación de valor entre los productos del trabajo en que se representa la forma de mercancía no tienen que ver con la naturaleza física de los productos ni con las relaciones, propias de cosas, que se derivan de esta naturaleza.
La forma mercancía adopta, para los hombres, la forma fantasmagórica de una relación entre cosas, cuando es una relación social determinada existente entre los hombres.
Una analogía del mundo religioso: en el mundo religioso los productos de la mente humana parecen figuras autónomas, dotadas de vida propia, en relación unas con otras y con los hombres.
Esto ocurre en el mundo de las mercancías, con los productos de la mano humana. A este fenómeno lo denomina fetichismo que se adhiere a los productos del trabajo en cuanto se los produce como mercancías, y que es inseparable de la producción mercantil. (El fetichismo de la mercancía consiste en que el cambio de mercancías aparece como una relación entre cosas, natural, cuando es, en realidad, una relación entre personas, social.)
El carácter fetichista de la mercancía se origina en la peculiar índole social del trabajo productor de mercancías.
Los valores de uso se convierten en mercancías porque son productos de trabajos privados e independientes unos de otros. El conjunto de estos trabajos forma el trabajo colectivo de la sociedad.
Como los productores (privados e independientes) no entran en contacto social hasta que intercambian sus productos, los atributos sociales de estos trabajos privados se manifiestan solo en el intercambio. O sea, los trabajos privados alcanzan realidad como parte del trabajo social global (en su conjunto) solo en las relaciones que el intercambio establece entre los productos del trabajo y, a través de los mismos, entre los productores. (el trabajo privado se socializa en el intercambio) (el trabajo privado socializado)
A los hombres, las relaciones sociales entre sus trabajos privados se les ponen de manifiesto como lo que son, como relaciones propias de cosas entre las personas y relaciones sociales entre las cosas, y no como relaciones directamente sociales trabadas entre las personas mismas, en sus trabajos. (aquí no hay apariencia, se muestra como es)
En el intercambio es donde los productos del trabajo adquieren una objetividad de valor, socialmente uniforme, separada de su objetividad de uso, sensorialmente diversa. Tal escisión del producto del trabajo en cosa útil y cosa de valor sólo se hace efectiva, en la práctica, cuando el intercambio alcanza una extensión y relevancia (grado de desarrollo) suficientes como para que se produzcan cosas útiles destinadas al intercambio, con lo cual ya en su producción se tiene en cuenta el carácter de valor de las cosas. A partir de ese momento el trabajo privado de los productores adopta efectivamente un doble carácter social: en cuanto trabajos útiles determinados han de satisfacer una necesidad social determinada (sus productos) y con ello probar su eficacia como parte del trabajo global (dst); satisfacer la necesidad de su productor (ejecutor?) al poder cambiarlo por otra clase de trabajo privado útil, son equivalentes. La igualdad de trabajos diversos consiste en una abstracción de su desigualdad real, reduciéndolos a su carácter común de gasto de fuerza humana de trabajo, trabajo abstracto humano.
El cerebro de los productores privados refleja este doble carácter social de sus trabajos privados en las formas que se manifiestan en el movimiento práctico, en el intercambio: el carácter socialmente útil de sus trabajos privados solo lo refleja bajo la forma de que el producto del trabajo tiene que ser útil para otros; el carácter social de la igualdad entre los diversos trabajos, bajo la forma del carácter de valor que es común a esas cosas materialmente diferentes, los productos del trabajo.
Por tanto, los hombres no relacionan entre sí los productos de su trabajo como valores porque estos objetos les parezcan envolturas materiales de un trabajo humano igual. (no se refiere a por qué cambian los productos, sino a la causa de la teoría ..). Es al revés. (porque cambian -relacionan sus productos como valores-, sus trabajos les parece iguales) Cuando cambian los productos de su trabajo, como valores, lo que hacen es equiparar sus diversos trabajos como modalidades de trabajo humano. (cambio de mercancías=equiparación de productos del trabajo como valores=equiparación de sus trabajos abstractos). No lo saben, pero lo hacen. (Conocimiento de los productores, de la observación, a primera vista). Por tanto, el valor no lleva escrito en la frente lo que es.
El valor transforma al producto del trabajo en un jeroglífico social. Los hombres se esfuerzan en descifrarlo, en descubrir el secreto de su propio producto social. El descubrimiento científico de que los productos del trabajo, considerados como valores, son expresiones materiales del trabajo humano invertido en su producción, es un descubrimiento que hace época, pero que no disipa la sombra material (objetiva) (?) que acompaña al carácter social del trabajo.
(Pero, ese conocimiento científico interesa poco a los que intercambian) Lo que interesa prácticamente a los que cambian unos productos por otros, es saber las proporciones de cambio. Cuando estas proporciones adquieren, por la fuerza de la costumbre, cierta fijeza, parecen propiedades naturales del producto del trabajo. El carácter de valor de los productos del trabajo se consolida al funcionar como magnitudes de valor. Estas cambian constantemente, sin que intervenga la voluntad, el conocimiento previo ni los actos de los que cambian. Su propio movimiento social (de quién) cobra ante sus ojos la forma de un movimiento de cosas bajo cuyo control están, en vez de ser ellos quienes las controlen. (Parece que expone la evolución de la conciencia de los productores conforme se desarrolla el cambio de mercancías) El desarrollo integro de la producción de mercancías hará que nazca la conciencia científica de que los trabajos privados que se realizan independientemente los unos de los otros, aunque guarden entre sí una relación de mutua interdependencia, como eslabones elementales de la división social del trabajo, pueden reducirse a su grado de proporción social, porque en las proporciones fortuitas de cambio de sus productos se impone como ley natural reguladora el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción. La determinación de la magnitud de valor por el tiempo de trabajo es el secreto que se esconde tras las oscilaciones aparentes de los valores relativos de las mercancías. El descubrimiento de este secreto destruye la apariencia de la determinación puramente casual de las magnitudes de valor de los productos del trabajo, pero no destruye su forma material. (?)
La reflexión acerca de las formas de la vida humana, incluyendo el análisis científico de ésta, sigue en general un camino opuesto al curso real de las cosas. Comienza tras los acontecimientos y arranca de los resultados del proceso histórico. Las formas de la vida humana que convierten a los productos del trabajo en mercancías y que presuponen su circulación, poseen ya la firmeza de formas naturales de la vida social antes que los hombres se esfuercen por explicarse, no ya el carácter histórico de estas formas que los hombres ya consideran inmutables, sino su contenido.
Así se comprende que fue el análisis de los precios de las mercancías lo que llevó a los hombres a investigar la determinación de la magnitud del valor; la expresión colectiva de las mercancías en dinero lo que indujo a fijar su carácter de valor. Pero, es precisamente esta forma acabada del mundo de las mercancías, la forma dinero, la que oculta, en vez de revelar, el carácter social de los trabajos privados y, por tanto, las relaciones sociales entre los productores privados.
Estas formas son las que constituyen las categorías de la economía burguesa. Son formas mentales aceptadas por la sociedad, por tanto objetivas, en que se expresan las condiciones de producción de este régimen social de producción históricamente dado que es la producción de mercancías. Por eso el carácter misterioso que rodea a los productos del trabajo basados en la producción de mercancías desaparece cuando observamos otras formas de producción.
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